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“Que se abra la puerta, que se converse”

Por Emilio Ruchansky
Desde Santiago de Chile

Enrique Paris Mancilla, presidente del Colegio Médico de Chile, se formó en pediatría y terapia intensiva y conoció las mejoras del aceite de cannabis en el caso de Vicente, un niño con epilepsia, y hasta lo ha recetado. Pero hay cuestiones que, sencillamente, no le cierran.

Por estos días, dos hechos aceleran la discusión del cannabis en Chile. Con el visto bueno del Servicio Agrícola Ganadero y el Instituto del Salud Pública, la fundación Daya consiguió cosechar más de 6000 plantas de cannabis para cuatro mil pacientes que se anotaron para un ensayo clínico con aceite de cannabis. Además, se reinició el debate en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados para permitir el autocultivo de cannabis con fines médicos y recreativos, la tenencia de 10 gramos en la calle y de hasta 500 en casa.

Paris Mansilla apoya el uso médico, con sus reservas y peros, pero rechaza la sola idea que alguien prepare su propio remedio casero de cannabis.

Su opinión y la de algunas sociedades científicas quedaron inmortalizadas en “Marihuana, consensos y evidencias sobre su impacto en la salud”. Allí, el influyente director del servicio de prevención y tratamiento por abuso de drogas y alcohol (Senda) plasmó una serie de mentiras. Que los gobiernos de Holanda y Uruguay habían desistido en sus políticas de tolerancia y regulación del cannabis, que en Colorado el mercado es “el encargado de la regulación de la oferta” de marihuana con fines recreativos. El libro se envió a todos los despachos del Parlamento.

En una carta de lectores publicada en el diario El Mercurio, la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia (Sopnia), que editó el libro, pide no confundir “los fármacos cannabinoides” como Marinol, Cesamet, Sativex y “quizás en un futuro el Epidiolex (para la epilepsia)” con la planta en su totalidad. “La comunidad científica será la primera en difundir esa información e implementar los tratamientos que de ella deriven”, dice la carta de Sopnia.

“Nosotros pensamos que en Chile hay una confusión en el sentido de que la gente piensa que fumar un cigarrillo o tomarse un té de infusión es lo mismo que un medicamento. Y eso no es así”, asegura el entrevistado.

Pero si fuera por “la comunidad científica”, el uso médico del cannabis seguiría sin estudiarse por estas latitudes.

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Dr. Enrique Paris. Foto: Nelson Vergara.

—¿Cuál es la preocupación que tienen como sociedad científica con el cannabis?

Nosotros estamos de acuerdo con que se usen los medicamentos derivados de la cannabis una vez que se haya demostrado su efectividad, su falta de efectos adversos, que tenga estudios científicos que lo respalden, que ojalá detrás de estos estudios haya una universidad, una escuela de clínica, una farmacia. Todo lo que debe hacerse cuando se aprueba un medicamento en un país civilizado.

—De hecho en eso está el Instituto de Salud Pública (ISP).

—Exactamente. Que el ISP dé un certificado o apruebe el uso de ese medicamento. Si eso se cumple y el medicamento es un coadyuvante para cierta patología y sabemos que sí sirve, estamos dispuestos a participar. Sin embargo, lo que no nos convence es esta campaña de que puedes cultivar tus cuatro o diez plantitas en tu casa y que se permita usar eso para tus enfermedades porque eso va a desprestigiar fuertemente el efecto terapéutico verdadero. La gente va a decir: “No me hizo nada, yo pensé que me iba a quitar el cáncer”. Hay mucha desinformación.

—Hay 4000 personas recibiendo aceite, con distintos propósitos y en varias enfermedades como epilepsia, esclerosis múltiple, cáncer y HIV.

—Nosotros no participamos en ese estudio. Lo que queremos es que el aceite o el producto sea bien fabricado, que participe un laboratorio. Como participa Knop ahora en ese estudio, un laboratorio muy antiguo de productos naturales. Ojalá que haya estudios controlados, como se deben hacer. Que además demuestren si hay algún efecto adverso.

—El tilo, por ejemplo, tiene propiedades sedativas. Uno puede tener tilos en su casa y usarlos como infusión. Si uno puede cultivar cannabis y lo hace bien y tiene información y sabe procesar el aceite, puede producir un remedio casero, no un medicamento.

—El problema aquí es que el consumo de marihuana siga y que en los preadolescentes, en el grupo escolar, se ha disparado.

Eso, obviamente alertó a neurólogos, neuropsiquiatras y psiquiatras. Se demostró que en un cerebro en formación o en desarrollo puede producir daño. Cómo vas a controlar tú una casa donde una abuelita tiene 10 o 20 plantas, para hacer su tecito, está bien que las tenga. ¿Pero cómo controlas al nieto para que no empiece a fumar la marihuana?

—¿Eso lo mismo que se plantea con el alcohol?

—Es lo mismo. Pero por no controlar el alcohol no vamos a dejar que no se controlen otras sustancias. También estamos en contra del alcohol. Yo estoy en contra del tabaco.

—Hay publicidad de alcohol en Chile y esponsoreo eventos deportivos…

Eso no es un argumento que nos reste validez para decir que también es dañino. Obviamente que también tenemos que combatir el alcohol y no lo hemos dejado de hacer. Pero pensamos que esto tiene que tener cierta seriedad que en el Parlamento no se ha dado. Aquí los diputados lanzan esto del autocultivo como la panacea y si el Senda se opone, nosotros apoyamos al Senda, obviamente.

—En Chile, al encarar exámenes clínicos no se van a quedar en la pelea de si es bueno o malo. ¿Para poder discutirlo primero tiene que ser un medicamento?

Por supuesto. Ese es un punto de partida para nosotros sumamente importante, que esto sea considerado como un medicamento. Y como tal, tiene que tener un diagnóstico para poder usarlo, luego una receta para y el paciente debe ser controlado en su evolución para ver si realmente le hizo bien o no. Yo tengo pacientes a los cuales les he recetado, por eso es que estoy convencido.

—¿Lo que proponen es primero tener un medicamento de referencia y después si alguien quiere cultivar, hacer una cosa más casera. Pero que haya un medicamento de referencia, digamos?

Ambas cosas, no sé. Podrían ser compatibles, pero que no me vengan a decir que van a permitir cultivar en todos los hogares esta planta, pensando que con eso van a bajar los precios o que es más barato hacerse el té de marihuana que comprar el medicamento. No es la vía. Por lo menos desde el punto de vista mío. La vía es que tiene que hacerse investigación, desarrollo, estudios; algo bien hecho, de sabida efectividad. Ahí lo usaremos y lo recetaremos y si es muy caro y hay que ayudar a la gente a pagar, para eso existen leyes en Chile, está todo arreglado. Chile es un país muy, demasiado, legalista.

—¿Ustedes creen que sería mejor separar en el proyecto de reforma el cannabis medicinal del cannabis recreativo?

Por su puesto, absolutamente. Ese es nuestro objetivo más claro. Aquí hay que separar aguas: medicinal de recreativo. Nosotros con el recreativo no nos metemos.

—Es cuestión de cada adulto y es su privacidad.

Exactamente. Y daña a los niños.

—Como los puede dañar el alcohol o como lo puede dañar el tabaco.

El alcohol más: puede dañar en el útero, la lactancia. Entonces eso es lo que quisiéramos que la gente entendiera.

—Usted asegura en el libro que publicó Sopnia que en este tema opinan sectores de clase media, media alta y no se está viendo las consecuencias que tiene en las clases bajas. También es cierto que la verdadera consecuencia de la prohibición es el encarcelamiento y los chicos muertos por peleas de microtráfico.

No hay ningún encarcelado de la clase alta. No hay nadie que tenga problema en la clase alta.

—¿Los que lavan dinero tampoco?

Ellos pueden comprar, pueden llamar por teléfono y se lo van a dejar a la casa. El problema está en lo que nosotros llamamos poblaciones, ahí se produce el problema.

—Entonces ahí le pregunto por la regulación. Lo que dice José Pepe Mujica es que hay combatir el mercado porque peor que la droga es el narcotráfico. La droga hace daño, pero el narcotráfico hace un daño mucho más grande.

No es mi especialidad, pero creo que para eso tiene que haber un debate nacional entonces. Que se abran las puertas, que se converse, que se llegue a un consenso.

 

 

 

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