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Raza, clases y economía del cannabis en El Caribe

Por Kevin Edmonds

“Legalize it” (Legalízala) fue la expresión del músico jamaiquino Peter Tosh. Palabras, en inglés, que se convirtieron en un grito de guerra en El Caribe para la comunidad Rastafari y también para los fumadores recreacionales de cannabis. Además, la expresión se hizo eco alrededor del mundo. De hecho, El Caribe y la ganja son sinónimos para mucha gente.

La discusión para autorizar el uso de la ganja con fines medicinales —y su eventual descriminalización— en El Caribe es mucho más compleja de lo que parece. Si la descriminalización o legalización del cannabis ocurre sin la suficiente regulación regional y doméstica, El Caribe podría perder una de sus más lucrativas exportaciones, aunque ilícita. Las cosas son más complejas que un grito de guerra.

Los gobiernos caribeños abrieron la puerta un poco más a la discusión sobre cannabis medicinal. Sin dudas, esperan ese dinero caído del cielo que vendrá con los impuestos a la regulación propuesta. Sin embargo, no discutieron sobre los productores actuales ni cómo asegurar su sobrevivencia. El otro problema es la amenazante perspectiva de que las corporaciones multinacionales o personas adineradas dominen el nuevo comercio legalizado.

Solo tenemos que ver las consecuencias en Colorado y Washington para ver cómo las corporaciones y los ricos rápidamente pueden dominar una industria ilícita que antes dependía de la demonización, criminalización y el repetido encarcelamiento de cuerpos negros y marrones para que el negocio fuera rentable.

Venta de ganja en la casa de Bob Marley, Jamaica. Foto: Patrick Talbert "Ganja at Bob Marley house". CC BY-NC-SA 2.0.

Venta de ganja en la casa de Bob Marley, Jamaica. Foto: Patrick Talbert “Ganja at Bob Marley house”. CC BY-NC-SA 2.0.

 

Durante mi estadía en San Vicente y Santa Lucía, vi aumentar la preocupación y el escepticismo sobre quién se beneficiará con la legalización del cannabis en El Caribe.

Junior Spirit Cottle, líder de la Asociación Sanvicentina de Cultivadores de Marihuana admite que el asunto de la ganja corta profundo temas de raza y clase social.

Michelle Alexander, autor de The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness, se pregunta si lo que ayer fue indeseable hoy es deseable.

—Los hombres blancos están preparados, en equilibrio, para administrar grandes negocios de marihuana. Sueñan con hacer mucho dinero (…) luego de 40 años encarcelando chicos negros por vender hierba destruyendo su futuro y sus familias. ¿Ahora el hombre blanco planea hacerse rico haciendo la misma cosa?

Además, las economías de escala y los desequilibrios del poder en el sistema capitalista internacional, sugieren que los países grandes, como Estados Unidos o Canadá podrán producir cannabis más barato por su gran disponibilidad de tierra, capital y tecnología.

Sin dudas, esto no es ajeno para los pequeños productores de ganja en El Caribe. La gente marginada por vender unos sobrecitos de cannabis en la cuadra del barrio no tendrá empleo tras la legalización. Sin habilidades ni facilidades, necesarias para competir con los grandes productores, podrían terminar en el mercado de la cocaína, un negocio más lucrativo y también un comercio más violento que la ganja que tiene sus raíces comunitarias.

En “The ganja document: exploring decriminalization in St. Lucia”, André de Caires, del movimiento cannábico de Santa Lucía, describió cómo la economía del cannabis es un salvavidas para las comunidades marginadas por las políticas y los acuerdos de comercio liberales votados en la década de 1990.

—Muchos ciudadanos de este país, no involucrados de manera alguna y totalmente apartados de la “cultura” de la ganja, desconocen el significado y el estímulo que este sector otorga a la economía. Este dinero circula entre las clases bajas, entre quienes no completaron la educación formal, el gueto joven y los desfavorecidos en general. Esta es una economía escondida y está bajo el radar del gobierno. Contribuye significativamente al alivio de la pobreza entre tantas personas marginadas en Santa Lucía. No es una economía de goteo como el turismo. Su modelo económico funciona como filtro, como cualquier otro modelo basado en la agricultura. El dinero que genera la industria de la ganja queda en el país. Algo diferente ocurre con el turismo, porque esos dólares terminan en el extranjero en gran porcentaje.

En San Vicente y Granadinas, la cuestión es similar. El activista cannábico, Cottle, argumenta que el debate de la legalización no puede aislarse de la histórica lucha popular y política de El Caribe.

En nuestra entrevista Cottle auguró que para los países caribeños la regulación no será fácil.

—Si los países no pueden implementar por sí mismos cualquier iniciativa que hable de legalización, la solución debe ser regional y centrarse en la transformación social para la gente más pobre que cultiva ganja. Ellos no tienen un sistema adecuado que asegure otro modo de vida. Estoy en contra de la tendencia actual de promulgar la legalización y hacer frente a las consecuencias después. La reforma de la ganja debe ser parte de un programa político más amplio que logre un cambio social significativo.

El Caribe necesita ampliar la discusión del uso médico del cannabis, la descriminalización y una eventual legalización de la planta, para asegurarse que los pequeños productores no sean desplazados de las reformas. El reloj hace tic tac. En muchos de los países de El Caribe, esta discusión con los productores no comenzó. Y esto es un problema especial desde que el CARICOM creó una comisión que debata la descriminalización de la ganja.

A Cottle y de Caries les preocupa no repetir la historia que El Caribe conoce bien. Durante la “Banana War” (Guerra de la Banana) de la Organización Mundial del Comercio, ese sector caribeño de la agricutlura fue considerado ineficiente y luego insignificante, fue abierto a la fuerza y los países caribeños se inundaron con productos agrícolas extranjeros.

Los resultados de Washington y Colorado sugieren un futuro similar, decenas de miles de jovenes —hombres y mujeres— negros y marrones continúan en prisión por “la mejor idea de inversión de la próxima década”, según Yahoo Finanzas.

Si los gobiernos de El Caribe no son cuidadosos, pronto estarán importando la misma ganja que demonizaron y penalizaron por tantos años.
Artículo, gentileza de NACLA y Kevin Edmonds. Original (en inglés).

 

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